Archivo de la Categoría Microcuentos

Una gata llamada Misifú estaba en la calle porque la habían abandonado y desde aquel día era vagabunda. Misifú fue a una casa que no tenía animales y se refugió en el garaje entrando por una ventana que dejaban abierta. Después de una semana la niña que vivía allí la encontró un día por la noche y se la llevó a su habitación y se la quedó. Se lo dijo a su madre y ella le contestó que sí podía quedarsela , al día siguiente cuando fueron al supermercado compraron todo cuanto la gata necesitaba y la llevaron al veterinario. Cuando la llevaron allí el padre pregutó que que hacía esa gata allí y ella contesto que la había encontrado su hija y como no tenía más remedio que decir que sí, porque ya habían comprado todo. Se la quedaron y desde aquel día la trataron muy bien.


En una casa había un ordenador viejo que no obedecía a casi nada que le mandasen, por que lo usaban muchas personas y cada una de una forma distinta sin ponerse deacuerdo. Entonces el dueño un día se cansó y lo cambió por otro que era nuevo y también compró una impresora de último modelo. El ordenador viejo se lo dió a su hija de 11 años y ella lo limpió y lo ordenó. Estudió lo que se podía hacer con él y lo que no, entonces decidió usarlo y le salió muy bien durante varios años. La niña estudió para informática y lo aprobó la carrera. Hntonces cada vez que iba a su casa ella ordenaba el ordenador.


micro_marinal02.jpgHoy Laura va a una subasta aunque no suele comprar nada. Le gusta enterarse y ver a la gente pelearse por un objeto, no lo puede evitar, pero esta vez ha sido distinto, ¿te lo puedes creer?. Esta vez era Laura la que se peleaba; había visto un hermoso jarrón, no era un jarrón cualquiera; éste era muy especial. Tenía unos dibujos de colores muy vivos y le recordaba a uno que había encima de la chimenea de la vieja casa de su abuela. Después de que Laura ofreciera todo lo que tenía, una cantidad desorbitada para el verdadero valor del jarrón, lo consiguió, ¡por fin era suyo!.


micro_marinal01.jpgUn día Marta volvía a Gijón de las vacaciones de Navidad y se enteró de que tenía un compañero nuevo en la escuela, se llamaba Juan. Al llegar a clase lo vió: era rubio y alto. Al primer vistazo a Marta le pareció que podían llegar a ser buenos amigos, pero cuando empezó la clase cambió rápido de idea, resulta que Juan era un auténtico payaso.


Un día estaba en la calle una niña llamada María. Ella vivía en una casa que tenía delante una calle muy oscura. Cada día observaba esa calle desde su ventana. Cada persona que pasaba no salía hasta el día sigiente. Entró en la calle y resulta que había una espacie de agujero. Al entrar en él, vió un mundo completamente distinto. Era un mundo más triste, donde las plantas estaban sin vida: pochas, sin agua, y la gente iba cabeza abajo y sin ilusión. Entonces María decidió ir a casa, volvió con muchos regalos para todos ellos y con agua para las plantas y se pusieron tan conterntos que todo estaba hermoso y reluciendo.