Hemos estado trabajando en la composición de imágenes abstractas siguiendo patrones geométricos. Nos hemos basado en los rítmos de color de Robert y Sonia Delaunay.
Estos dos artistas trataron de expresar el movimiento a través de las relaciones entre formas y colores. En un principio fueron pintores realistas, pero poco a poco sus obras se fueron haciendo más abstractas, hasta desembocar en lo que llamaron Ritmos de color.
Cuidaban mucho las armonías y relaciones entre formas y colores, basándose en el contraste simultáneo, por el cual percibimos un color en relación a los del entorno que le rodea.
También hemos visitado trabajos de alumnos de cursos anteriores, que llevaron a cabo un plan de trabajo parecido.
Todos las imágenes están realizadas digitalmente, con formas planas, y sin contornos, y usando en la medida de lo posible, formas geométricas sencillas.
La siguiente historia corresponde a una aventura de La Odisea, de Homero. Léela, y luego escribe un final diferente. Utiliza los comentarios para ello.
El rey Ulises regresaba con sus hombres a su reino de Ítaca, después de la guerra de Troya. Tras varios días de navegación llegaron al país de los cíclopes, terribles gigantes que tenían un sólo ojo y vivían como pastores.
Ulises desembarcó junto a doce de sus hombres. Recorriendo el lugar descubrió una enorme cueva. Era la casa del cíclope Polifemo.
Entraron a la caverna, y no había nadie, porque Polifemo estaba fuera con su rebaño de ovejas. Al atardecer, Polifemo llegó con una carga de leña enorme para preparar la cena y tapó la entrada con una piedra muy pesada.
Cuando se percató de la presencia de los intrusos se enojó mucho y les dijo que jamás saldrían de allí, que se los comería uno a uno.
Ulises temió por su vida y la de sus compañeros. Para ganarse la confianza del cíclope le dijo que le habían traído un obsequio, y le regaló todo su vino y sus provisiones. Polifemo comió y bebió hasta hartarse, y después, se quedó profundamente dormido.
Ulises meditaba cómo escapar de allí. Si mataban al gigante nadie podría mover la piedra de la entrada y quedarían atrapados en la cueva. Así que pensó en otro plan: le quitarían la vista al cíclope mientras dormía.
Encendieron el extremo de un tronco y lo clavaron en el único ojo de Polifemo. El grito de dolor del cíclope retumbó en toda la caverna. Furioso, Polifemo se puso a buscar a tientas tratando de atrapar a alguno de los griegos que lo habían cegado.
Polifemo quitó la piedra de la entrada para tentar a Ulises y a sus hombres a escapar. Luego se paró en medio de la entrada de la cueva, y con sus manos tanteaba todo a su alrededor, dejando salir sólo a los animales. Los griegos se escondieron bajo las ovejas, y mezclándose con ellas, consiguieron salir.
Rápidamente se embarcaron en su nave y huyeron. Polifemo se dio cuenta de que habían escapado y los siguió hasta la costa. Les arrojó una piedra enorme que cayó muy cerca del navío haciendo una gran ola pero no pudo impedir que escaparan.